La lectura convencional de la segunda vuelta presidencial peruana es que la acumulación de respaldos de Keiko Fujimori —de Renovación Popular de Rafael López Aliaga 1425, Avanza País 14 y el PPC 14— la ha posicionado como la vencedora casi segura. Múltiples medios informan que Fujimori lidera a Roberto Sánchez en la mayoría de sondeos 6182429, y su campaña ha asegurado mayor lealtad de voto: según El Comercio, citando a Datum Internacional, el 65% de los votantes decididos afirman que no cambiarán de opinión 18. La narrativa se escribe sola: un bloque disciplinado de derecha se cohesiona frente a una alternativa izquierdista dispersa.
“El bloque indeciso supera en número al margen que separa a los candidatos, y las fracturas geográficas —Lima frente al sur— aseguran que quien venza hereda no un mandato sino un veto.”
El problema es que el electorado se niega a cohesionarse. Según Infobae 24, el 13,4% de los votantes permanecen indecisos, y el 22,6% piensan votar en blanco o viciar su voto. La República informa, citando al IEP, que la proporción de indecisos se ha duplicado al 26% 18. No se trata de abstencionistas pasivos —son rechazadores activos, y superan en número al margen que separa a los candidatos. En la simulación más reciente de Ipsos citada por Perú21 29, Fujimori lidera a Sánchez 51,4% frente a 48,6% entre votos válidos— una brecha de 2,8 puntos. Pero esto supone que los votos en blanco e inválidos se distribuyen uniformemente. No será así.
La división geográfica subraya la fragilidad. Según El Comercio 618, Fujimori domina Lima Metropolitana con 51%, mientras que Sánchez lidera el centro (35% frente al 30% de Fujimori) y el sur (38% frente al 28%). El Comercio informa que Sánchez obtuvo más del 86% de los votos en Puno 28, un resultado que no refleja fervor ideológico sino abandono estatal: los votantes del sur no ven dividendos materiales del modelo económico que defienden los respaldos de Fujimori. La coalición que ha ensamblado es limeñocéntrica y económicamente liberal —precisamente el perfil que le falló en 2021.
Lo que distingue 2026 de aquella contienda no es la fortaleza de Fujimori sino la vulnerabilidad de Sánchez. Infobae informa que enfrenta acusaciones de corrupción y malversación de fondos partidarios, negadas por el Ministerio Público 25, y su asociación con Antauro Humala —condenado por el levantamiento de Andahuaylas 2527— le ha costado credibilidad centrista. Sin embargo, el bloque indeciso no se desplaza hacia Fujimori. El Comercio, citando a Datum, informa que el 57% de los votantes considera decisivo el próximo debate 21, lo que sugiere que están esperando una razón para comprometerse, no preparándose para respaldar a la favorita.
La variable real es la desconfianza institucional. Infobae informa que el presidente de Ipsos, Alfredo Torres, declaró prematuramente ganadora a Fujimori basándose en cálculos internos 3, lo que llevó al tribunal electoral a ordenar una auditoría 3. Infobae informa que Rafael López Aliaga habría afirmado que funcionarios de la ONPE y el JNE "compartirán celda" con Torres 16—una teoría conspirativa que Perú Check desmintió, señalando que la serie de 900 mil cédulas se ha usado en elecciones anteriores 16. La propia Fujimori, según Al Jazeera y El Tiempo, habría denunciado fraude electoral 726, un movimiento que puede consolidar su base pero repele al centro indeciso.
Quien venza gobernará un legislativo polarizado bajo un nuevo sistema bicameral 14, enfrentando un Congreso elegido bajo representación proporcional y un público que, según El Mundo, aprueba al gobierno actual con apenas 18,7% 30. Quien prevalezca el 7 de junio 26814252630 heredará no un mandato sino un veto: el sur contra Lima, los votantes en blanco contra ambos bandos, y un legislativo fragmentado contra la ambición ejecutiva. La aritmética de coaliciones no puede cerrar un abismo tan ancho.
