El software que sabía cuándo portarse bien
La elegante simplicidad del fraude fue lo que lo hizo tan devastador. Cuando un motor diésel de Volkswagen detectaba los signos reveladores de las pruebas de laboratorio —ruedas estacionarias, temperatura controlada, patrones predecibles del acelerador— un software enterrado en lo profundo de su unidad de control electrónico cambiaba el vehículo a un modo especial. Los controles de emisiones que permanecían inactivos durante la conducción normal cobraban vida. La emisión de óxido de nitrógeno se desplomaba a los límites legales. La prueba se superaba. Luego, de vuelta en carreteras reales con conductores reales, el software devolvía el motor a su estado predeterminado: potente, eficiente y liberando óxidos de nitrógeno a niveles hasta 40 veces superiores al umbral legal .