Una capital nombrada, una costa que ya se mueve
El anuncio llevaba el nombre de un comienzo. Rashad al-Alimi, presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial de Yemen, dijo que una operación llamada Amanecer de Yemen tendría como objetivo recuperar todo el territorio que aún conservan los hutíes, incluida la capital, Saná. La declaración, recogida en varios relatos de los combates reanudados, presentó la intención del Gobierno como integral y no local: no un avance limitado en un solo frente, sino un esfuerzo declarado para revertir años de control hutí en el centro del país . Junto a ello llegó la noticia de que el Gobierno había formado una nueva agrupación militar, las Fuerzas de Disuasión, bajo el liderazgo de al-Alimi, una estructura presentada como el instrumento de ese objetivo más amplio .
Lo que el campo de batalla devolvió, en la misma temporada de informes, fue otra geografía. Mientras el consejo hablaba de Saná, se describía a las fuerzas hutíes al frente de un avance rápido por la costa yemení del mar Rojo, tomando una ciudad portuaria estratégica y varias islas y haciéndose así con el control del estrecho de Bab al-Mandab, el angosto paso por el que han de transitar los envíos de energía y el resto del comercio mundial . Relatos posteriores fueron más lejos y afirmaron que los hutíes se habían hecho con el control de toda la costa yemení del mar Rojo, Bab al-Mandab incluido . La tensión entre un amanecer proclamado en las tierras altas y un cambio de manos en el agua era el cuadro que las fuentes no resolvían en una sola victoria.
La operación recibió el nombre de un comienzo; el estrecho, en los mismos informes, ya se describía como perdido.
Esa imagen sin resolver es la columna vertebral de esta ofensiva. A las fuerzas gubernamentales se les atribuía, al mismo tiempo, la captura de posiciones montañosas estratégicas en el oeste de Taiz que dominan la costa , y el rechazo de intentos hutíes de tomar tierras altas al este de Bab al-Mandab y al oeste de Taiz . Los hutíes, por su parte, habrían tomado la base militar Khaled bin Walid —descrita como la segunda más grande de Yemen— tras intensos combates en las líneas del frente occidental de Taiz . Una guerra de la que se había dicho, en una crónica, que afrontaba el mayor riesgo de retorno pleno desde la tregua de 2022 ya no era cuestión de choques aislados. Era una pugna por quién tenía las crestas que dominan el terreno, quién tenía la base y quién tenía el agua.
Las colinas al sur de Taiz
Taiz concentró las denuncias de contacto más repetidas. Se informó de que el ejército yemení había rechazado un ataque hutí a gran escala contra la ciudad . En el frente de Al-Shaqab, las fuerzas gubernamentales dijeron haber repelido una ofensiva importante y que dieciséis combatientes hutíes habían muerto . Otro relato describió dos ataques hutíes simultáneos, contra Al-Shaqab y contra Al-Aqroud, en el distrito de Sabir al-Mawadim, al sur de Taiz, ambos rechazados . En otros puntos de la misma provincia, las fuerzas gubernamentales afirmaron haber capturado a varios combatientes hutíes en el distrito de Awzai , y otra información habló de un equipo de drones hutí capturado en Taiz . Una afirmación del Gobierno, vinculada a los combates, elevaba aún más la cifra de hutíes «neutralizados» .
No se presentaron como avances indiscutidos. Los mismos accesos occidentales de Taiz que produjeron las versiones gubernamentales de crestas capturadas y asaltos frustrados fueron el terreno en el que se dijo que los hutíes habían tomado la base Khaled bin Walid . Las fuentes dejan así Taiz como un frente de rechazos locales y de pérdida estratégica a la vez: tierras altas tomadas o conservadas por unidades gubernamentales que dominan la costa , una base importante que cambia de manos, equipos de drones y combatientes de los que se informa su captura, y un recuento de bajas asociado a un solo envite frustrado. Lo que no aportan es un mapa en el que las ganancias de un bando anulen las del otro.
Lejos de las crestas principales, las violencias menores de la guerra seguían registrándose. En la zona de al-Khidra, en Abyan, tres soldados murieron y uno resultó herido en una emboscada de hombres armados . El incidente queda fuera de los partes sobre Taiz y la costa, pero pertenece a la misma temporada: un recordatorio de que no todas las muertes llegaban bajo el estandarte de una operación con nombre o de un frente del que se informara. La emboscada de Abyan no alteró la discusión sobre Saná o Bab al-Mandab. Se limitó a sumar tres nombres, innominados en los despachos, al saldo de una guerra que, según estas fuentes, no había vuelto a la calma.
Quién tiene el agua
Las versiones sobre el mar Rojo son las de mayor consecuencia y las que peor encajan con los combates en la montaña. Un conjunto de informaciones describe un rápido avance hutí que se apoderó de una ciudad portuaria estratégica y de varias islas y colocó Bab al-Mandab bajo control hutí, con la consecuencia explícita de que una ruta vital para los envíos de energía y el comercio más amplio había cambiado de manos . Otro enuncia el desenlace de forma más absoluta: toda la costa yemení del mar Rojo, estrecho incluido, bajo control hutí . Una ciudad nombrada en esa secuencia es Mocha . Las islas se mencionan sin que, en el material aquí reunido, haya un inventario completo. La frase estratégica, con todo, es nítida. Controlar ese estrecho es controlar un cuello de botella, y las fuentes lo tratan como tal.
La información del Gobierno no da la costa por un hecho consumado. Se dijo que las fuerzas habían tomado posiciones montañosas estratégicas en el oeste de Taiz que dominan el mar , y que habían rechazado intentos de apoderarse de tierras altas al este del propio Bab al-Mandab . Las dos imágenes solo pueden coexistir si el «control» se entiende como desigual: un puerto y un estrecho de los que se informa su toma, crestas sobre el mismo litoral de las que se informa que están en manos del Gobierno, asaltos a los accesos de los que se informa que fueron rechazados. Las fuentes no dirimen qué descripción debería regir la decisión de un capitán de transitar. Sí dejan establecido que ambas descripciones se emitían mientras el consejo de al-Alimi hablaba de recuperar Saná .
Lo que se jugaba fuera siguió a la geografía. Los ataques en escalada ya se leían, en un relato, por su efecto sobre el comercio mundial de petróleo . Arabia Saudí, por separado, cerró su oleoducto Este-Oeste como precaución después de que múltiples drones atribuidos a Irak dañaran infraestructuras en las regiones de Riad y Medina . La medida sobre el oleoducto no se describió como un ataque yemení. Cayó, sin embargo, en la misma ventana que la presión hutí sobre la ruta del mar Rojo y la reanudación de los combates en provincias yemeníes. Una guerra dentro de Yemen y el cierre preventivo de la capacidad de tránsito saudí ya no eran historias separables para el comercio que depende tanto del estrecho como de los oleoductos de la península.
Riad, y la disputa por un saldo
Los ataques en suelo saudí produjeron el desacuerdo más nítido del expediente aquí reunido. Se informó de que la Autoridad de Aviación Civil de Arabia Saudí había dicho que el aeropuerto internacional King Khalid de Riad fue atacado el 11 de octubre, con un muerto y once heridos. Esa versión es la que, en el registro extraído, va asociada a un grupo de informes . La contradice de forma directa otro relato del mismo aeropuerto alcanzado, que cifró los muertos en doce y los heridos en 309 . La brecha no es de matiz. Es una disputa de orden de magnitud sobre cuántas personas mató e hirió, en la capital saudí, un solo ataque, o un ataque del que se informó.
Los despachos de alrededor no lo zanjan. Uno habla de un ataque contra el aeropuerto internacional de la capital que dejó tres muertos y más heridos . Otro registra un nuevo ataque ya responsable de un muerto y once heridos . Un tercero se refiere a dos aeropuertos saudíes alcanzados, con tres muertos y treinta y seis heridos . El caso atípico, medido por la escala, es el informe de doce muertos y 309 heridos en el aeropuerto de Riad, señalado junto a la suspensión previa de los vuelos de una aerolínea china hacia y desde la ciudad . Al lector le queda una afirmación corroborada de un saldo limitado bajo el nombre de la autoridad de aviación civil, y una afirmación contradictoria de un suceso con víctimas masivas, más cifras vecinas que no coinciden exactamente con ninguna de las dos. El desacuerdo permanece abierto porque las fuentes no convergen. Cualquier relato que elija una cifra y descarte el resto estaría escogiendo un bando que el propio material se niega a elegir.
Otros incidentes saudíes en el mismo haz de informaciones amplían el cuadro sin resolver las cifras del aeropuerto. Se dijo que un proyectil hutí había herido a dos personas y dañado una mezquita en la región de Jazan . Se informó de que los hutíes habían reivindicado el derribo de un avión saudí al tiempo que negaban haber tenido como objetivo La Meca . El Gobierno de Yemen, entretanto, dijo que los hutíes habían disparado dos misiles contra el aeropuerto de Adén . Ninguno de estos es el saldo de Riad. Juntos describen un teatro en el que aeropuertos, un oleoducto, una mezquita de provincia y la pérdida reivindicada de un avión formaban parte de la cuenta de la semana, y en el que la estadística más disputada era cuántos habían caído en King Khalid.
A esa posición al descubierto llegó un refuerzo de otro tipo. Turquía y Pakistán acordaron un despliegue militar en Arabia Saudí en virtud del pacto de La Meca . El acuerdo se enuncia sin que, en este material, haya un orden de batalla ni un calendario de llegada. Su hecho político es, no obstante, distinto de lo que se afirma en el campo de batalla: dos Estados ajenos a la península que comprometen fuerzas en territorio saudí mientras ya se culpaba a drones procedentes de Irak de daños en Riad y Medina , y mientras la discusión sobre los muertos de un aeropuerto seguía sin resolverse entre la cifra atribuida a la autoridad y un recuento mucho más alto . Otro informe añadió que Arabia Saudí había propuesto un alto el fuego de dos semanas con los hutíes después de que Estados Unidos declinara el apoyo militar . La propuesta queda al lado de los combates, no por encima. No borra las tomas en la costa, los choques de Taiz ni el saldo en disputa. Deja constancia de un intento de pausar una guerra que las mismas fuentes describían en aceleración.
Alarmas en el sur, y un cruce hacia Yibuti
El sur no esperó al desenlace en Taiz ni en el estrecho. El consejo identificado con el Consejo de Transición del Sur en Kersh anunció una movilización general y pidió elevar el estado de alerta para proteger las fronteras del distrito y hacer frente a cualquier intento hutí de amenazar la zona y el sur en general . El lenguaje era defensivo y preventivo: no una reivindicación de terreno tomado, sino una llamada a la alerta. En Dhale, la Resistencia del Sur emitió una advertencia de otro tipo, contra acciones destinadas a incitar a la discordia, dividir a la comunidad dentro de la gobernación o tomar como blanco a sus habitantes . Una voz del sur llamaba a la gente a la frontera; otra advertía de que la política de la guerra no debía volverse hacia dentro, contra los propios habitantes de Dhale.
Estas declaraciones importan porque muestran que la ofensiva se fractura por más costuras que la línea entre hutíes y Gobierno. El Amanecer de Yemen del Consejo de Liderazgo Presidencial, y las Fuerzas de Disuasión levantadas bajo al-Alimi , no eran las únicas movilizaciones del mapa. Un consejo del sur armaba su propia alerta, y un cuerpo de resistencia meridional intentaba mantener unida una gobernación frente a la incitación interna. Las fuentes no dicen si esos movimientos se coordinaron con el consejo situado al norte del campo antihutí o se hicieron al margen. Sí dicen que el sur no estaba callado ni unificado bajo un solo mando.
La medición humana más clara del expediente es el cruce. El ministro de Economía y Finanzas de Yibuti, Ilyas M. Dawaleh, dijo un sábado que 1.400 yemeníes habían llegado a Yibuti en las veinticuatro horas anteriores . La cifra es estrecha en el tiempo y ancha en lo que implica. No describe el desplazamiento entero de la ofensiva, y las fuentes no dan un total acumulado. Sí fija un solo día en el que esa cantidad de personas dejó la guerra de Yemen por la orilla africana más próxima. Junto a las versiones de crestas tomadas, bases perdidas y un estrecho del que se informa bajo nuevo control, la llegada es el hecho civil de la ofensiva: no una proyección, sino el recuento de personas que ya se habían movido.
La advertencia de Naciones Unidas de que Yemen afrontaba el mayor riesgo de volver a la guerra desde la tregua de 2022 se lee, frente a ese sábado, menos como pronóstico que como descripción de un proceso ya en marcha. Una tregua es un objeto político. Mil cuatrocientas llegadas en un día, un distrito del sur movilizado, una advertencia contra la discordia en Dhale y frentes activos desde Taiz hasta el mar Rojo son hechos operativos. El riesgo que nombraba la advertencia, a la luz de los demás despachos, ya no era solo prospectivo.
Lo que las fuentes pueden y no pueden sostener
Un reportaje armado solo con lo que estos relatos corroboran no puede fingir un desenlace limpio. Puede decir que al-Alimi puso nombre a una operación para recuperar todo el terreno que aún tienen los hutíes, Saná incluida, y que se puso en pie una fuerza nueva bajo su autoridad para perseguir ese fin . Puede decir que unidades gubernamentales informaron de haber rechazado grandes ataques contra Taiz, de haber matado a dieciséis combatientes en el frente de Al-Shaqab, de haber roto dos asaltos simultáneos al sur de la ciudad, de haber capturado combatientes en Awzai y un equipo de drones en la provincia, y de haber tomado posiciones de montaña sobre la costa occidental . Puede decir, con la misma fidelidad al mismo registro, que, según los informes, los hutíes se habían hecho con Mocha y con los accesos que les dieron Bab al-Mandab, se habían hecho con toda la costa del mar Rojo y habían tomado la base Khaled bin Walid tras duros combates en el oeste de Taiz . Ambos conjuntos de frases están en el material. Ninguno anula al otro.
Puede decir que tres soldados murieron en una emboscada en Abyan ; que el sur convocó su propia movilización y, por separado, se advirtió contra la división interna ; y que 1.400 personas llegaron a Yibuti en un día . Puede decir que Arabia Saudí cerró el oleoducto Este-Oeste después de que drones procedentes de Irak golpearan infraestructuras en dos regiones , que Turquía y Pakistán acordaron desplegarse en virtud del pacto de La Meca , y que se propuso un alto el fuego de dos semanas después de que Washington negara el apoyo militar . Puede decir que un proyectil alcanzó Jazan, que se reivindicó el derribo de un avión y se negó un ataque contra La Meca, y que se alegaron dos misiles contra el aeropuerto de Adén .
Lo que no puede decir es cuántos murieron en el aeropuerto internacional King Khalid. La cifra de la que se informa en nombre de la autoridad de aviación civil —un muerto, once heridos, el 11 de octubre— es la afirmación que sostiene un lado del registro . Doce muertos y 309 heridos es la afirmación que sostiene el otro . Los recuentos intermedios y vecinos, de tres muertos en el aeropuerto de la capital o entre dos aeropuertos, ocupan el mismo espacio sin zanjar . Reducir eso a un solo saldo sería inventar un consenso que las fuentes no contienen. El desacuerdo forma parte del suceso, no es una nota al pie que haya que dejar presentable. Un ataque contra el principal aeropuerto de un Estado que ya cerraba un oleoducto y recibía promesas de tropas extranjeras es significativo con cualquiera de las dos cifras. La incapacidad de las informaciones para coincidir en la escala es, en sí, un hecho sobre cómo se está viendo esta guerra desde fuera.
Tampoco puede el material sostener un veredicto sobre si Amanecer de Yemen es una campaña ya en marcha o una declaración que todavía va por delante de su geografía. El nombre existe. La nueva formación existe en los informes. Las pérdidas en la costa, tal como las describen varios medios, también existen. Un Gobierno que anuncia la recuperación de una capital mientras se informa de que sus adversarios completan el control de una costa y de un estrecho no está, según estas fuentes, ni fracasando ni triunfando en sentido definitivo. Libra una guerra cuyo centro de gravedad acaso se haya desplazado al agua aun cuando su objetivo político sigue siendo la ciudad de las montañas. La exposición del mercado del petróleo, señalada de forma directa en la cobertura de la escalada , se sigue de ese desplazamiento. También el cierre preventivo de un oleoducto saudí tras otro conjunto de drones, lanzados, según los informes, desde Irak . El teatro se ha ensanchado incluso allí donde los frentes yemeníes no están decididos.
La tregua de 2022 es la línea de base que emplea la advertencia de Naciones Unidas . Todo lo que viene en los conjuntos posteriores —la operación con nombre, las Fuerzas de Disuasión, las tomas en la costa, la base de Khaled bin Walid, los combates en las crestas, la emboscada de Abyan, la movilización del sur, el desembarco en Yibuti, el saldo disputado de Riad, el despliegue del pacto de La Meca— es prueba de cuánto se ha dejado ya atrás esa línea de base. Nada de ello es una predicción. Todo ello es el registro de una guerra que fuentes de varios lados describían, en el mismo aliento, como un avance, un rechazo, una toma y una huida.
Lo que queda, cuando las versiones se ponen unas junto a otras en vez de jerarquizarse, es un país en el que un consejo todavía puede hablar de amanecer sobre Saná, a un movimiento todavía se le puede atribuir el estrecho, un ministro en Yibuti todavía puede contar las embarcaciones, y los muertos de un aeropuerto saudí todavía pueden cifrarse, según el despacho, en uno o en doce. Eso no es una resolución. Es la ofensiva tal como las fuentes, y solo las fuentes, permiten contarla.